El secreto de tu canto
Reflexiones, historias cantadas, propuestas y ejercicios.
Ed. Dunken


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¡Qué aventura esta, la de intentar aprender a cantar! Sólo comparable a la aventura de enseñar a cantar.

Cuando escribí mi primer libro "Terapia a través del canto. Quien canta, sus males espanta", no imaginé cómo el solo hecho de escribirlo me iba a adentrar en el alma de mis alumnos del modo en que lo hizo. Al intentar descubrir los posibles motivos de sus dificultades técnicas fui sondeando el mundo de sus miedos, sus vergüenzas, sus frustraciones más antiguas, sus rigideces y exigencias frente a la vida. ¡Cuántas veces me veo reflejada en ellos!

Procuré comprender cómo se las ingenia el cuerpo, y la voz como parte de él, para expresar lo que subyace, más allá de lo que intentamos mostrar o decir.

En las clases de canto cada uno transita por su propia selva, (con todos sus misterios, sorpresas, exhuberancias, oscuridades) y puede llegar a reconocerse – o desconocerse – en actitudes que tienden a repetirse en diferentes ámbitos de la vida. Actitudes o aspectos que aparecen simplemente al emitir un sonido, al cantar una melodía o al interpretar la letra de una canción.

El trabajo que realicé con muchos de los lectores de ese primer libro dio como resultado "El secreto de tu canto."

Si bien los alumnos que se acercan lo hacen para aprender a cantar, saben, o intuyen, que en ese camino también emprenderán un viaje interno hacia el reconocimiento de las propias emociones, un viaje de descubrimientos, un viaje que posibilita transformaciones.

Me gusta vivir el aprendizaje del canto como un recorrido de aventura, casi como un safari. Uno se encuentra con sus propias serpientes enroscadas, sus grandezas de elefante, sus molestias de mosquitos, sus miedos de cocodrilos, sus parálisis de araña pollito, sus pantanos, sus cascadas, sus oasis. Y aprende a no tenerle miedo a ninguno de estos aspectos, a disfrutar de lo disfrutable y, lo más lindo, a intentar la búsqueda de cambios, a aceptarnos como somos, a conocer nuestras limitaciones, no para quedarnos en ellas, sino para ir más allá y descubrir en nosotros mismos un mundo nuevo.

En cada capítulo muchas de estas vivencias están narradas por los propios protagonistas, mis alumnos.

                                                                          Marcela Pietrokovsky